Sobreviví!!!, y eso que no lo tenía tan claro al empezar. Hacía mucho tiempo que no competía. Tanto, que ni recordaba esas sensaciones previas a la carrera. El nerviosismo que no te deja dormir, el nudo en el estómago previo a la salida… uhm, ese olor a linimento por la mañana.
Por delante 10 kilómetros, un recorrido bastante favorable (casi llano) y otras 24.999 almas que me hacían compañía. Pintaba bastante bien.
La salida una auténtica marea humana. Al no tener marca de carreras anteriores, salí tras 20.000 personas.

El ambiente era totalmente festivo y la cantidad de fotos copartidas por twitteros e instagramers permite imaginarse parte de lo ocurrido. Pero lo que mejor os puede permitir haceros una idea de la sensación de estar en medio de esa marea violeta es el siguiente video (piel de gallina!)
Con todo este ambiente. Salida! y a correr. El primer kilómetro hasta comenzar a subir por Paralel se hace lento. Mucha gente, cambios de ritmo, tropiezos… Cuando la carretera empieza a picar, el ritmo de la gente baja y se abren huecos, con lo que aprovecho para seguir adelantando y acercarme a los que llevan mi ritmo.
A partir del kilómetro 4, entre el respiro de beber en el avituallamiento, la amplitud del recorrido en Gran Vía y la ligera pendiente en descenso, comienzo a correr ligero y algo más rápido. Posiblemente un 4:30 el kilómetro sin sentir que forzaba mucho. Los kilómetros anteriores habían sido a 5min/km por mi reloj.
Casi acabando Gran Vía, me alcanzó un chico bajito pero muy fino, con el equipaje de un equipo de atletismo local y que corría con una técnica impecable. Llevaba un ritmo algo superior al mío, y decidí engancharme a el y tratar de aguantar.
Empecé a sufrir
La pequeña bajada de Marina me dejó recuperar el aire porque mi zancada me permitía ir a su misma velocidad consumiendo menos, pero en la vuelta al llano, vuelta a sufrir.
Lo mejor fue, cuando empezaba a rallarme con que estaba forzando de más e iba a reventar antes del final y me encuentro con este panorama:
Ooooolé sus huevos morenos!. Menos mal que no hacía mucho calor. Aun así, no doy un duro por estar en su pellejo. 10 kms corriendo con el traje y el casco! O_o
Después de adelantarles y ver sus caras de sufirmiento, ya no podía pensar en frenar, sino en darle más.
Por momentos pensé que me quedaba atrás de “mi liebre”, y llegué a hacer “la goma” en un par de ocasiones, pero aguanté. La pequeña subida de Ronda San Pere me hizo pensar en dejarle ir, pero íbamos volando!, no dejábamos de adelantar gente y estaba disfrutando como un enano a pesar del dolor de piernas.
Al girar y enfilar Vía Layetana, subidón total. El ambiente, la música, la gente animando y ver ante ti un kilómetro lleno de gente corriendo…. increible.
Última curva antes de meta y sprint!. Ja!, que iluso. Menudo tapón se había formado en los últimos 300 metros. La gente llegaba con la inercia de la bajada pero se paraba y entraba en meta andando. Comenzamos zigzaguear y esquivar gente. Ahí me perdí de mi liebre y ya no pude volver a verle. Una pena, me hubiera encantado conocerlo y darle las gracias.
Finalmente, meta. 10 kilometros en 45:03 y más feliz que una perdiz. Sin duda, el año que viene habrá que repetir
















